lunes, 14 de febrero de 2011

El proyector de sombras

El origen del relato policial estuvo ligado a la formación de las grandes ciudades y al surgimiento de la prensa moderna. Los fenómenos sociales correlativos implantaron una atmósfera de extrañeza y temor: la aparición de las multitudes, vistas por la burguesía como "asilo que protege al asocial de sus perseguidores", según Walter Benjamin, y la difusión de la delincuencia y los casos criminales aberrantes. El periodismo naciente descubrió en las historias policiales un factor que incrementaba sus ventas. El escritor que captó la inquietud latente, su manifestación en las formas precarias de la crónica y el folletín, y sencillamente la transformó en una obra maestra fue Edgar Allan Poe (1809-1849).
En 1841 se publicó "Los crímenes de la calle Morgue", relato que inaugura el género policial y donde se presenta el primer detective de la historia, Auguste Dupin. El personaje vive junto con un amigo -que oficia de narrador- en un barrio apartado de París. Sus costumbres son extrañas: "enamorado de la noche", permanece encerrado durante el día en su biblioteca, a oscuras, inmóvil y en silencio, en una situación similar a la del entierro prematuro, que tanto obsesionó a Poe. A través de los diarios se entera del asesinato de una mujer y su hija y de las peripecias de la investigación policial, que son tan exhaustivas como inútiles. Sin mayores datos, pero con una "capacidad analítica" extraordinaria, Dupin resuelve el caso, que implica nada menos que a un orangután de Borneo.
Más allá de la anécdota, se afirma un elemento central en la teoría de Poe. El cuento fue escrito con la intención de examinar "las características mentales calificadas como analíticas" -así como "Filosofía de la composición" apuntó a desentrañar el proceso de la escritura poética. El pensamiento de Dupin prescinde de indicios materiales y se despliega a partir del registro de un número limitado de circunstancias; la calidad de la observación realizada, dice, incide en el alcance de la inferencia. A diferencia de algún inspector que "ponía trabas a su propia visión por mirar el objeto tan de cerca", privilegia la percepción del conjunto y a la vez tener en cuenta que "la verdad no está siempre en el fondo de un pozo". Esta idea se desarrolla en "La carta robada", tercer texto de la serie. Los objetos más inmediatos, explica el narrador, terminan por volverse imperceptibles, "precisamente por ser demasiado evidentes": así, la carta cuya desaparición ha provocado minuciosos e infatigables rastreos se encuentra a la vista.
Dupin llega al extremo de adivinar el pensamiento de las personas y de reconstruir término por término toda la secuencia de un razonamiento. Mientras reflexiona de esta manera, se transfigura, parece otro, porque en él actúa "una inteligencia excitada o quizá enferma". Este aspecto, que alude a la locura, es el sello distintivo de las criaturas de Poe y quedó decantado en la tradición posterior, que tomó a Dupin como la primera figuración del arquetipo del investigador aficionado que resuelve complejos problemas con el solo recurso de su razón.
"El Misterio de Marie Rogêt", segundo caso del personaje, apuntó a esclarecer desde el plano de la ficción un hecho de la vida real: la desaparición y muerte de una joven en Nueva York. "El argumento de la ficción es aplicable a la verdad; y la investigación de la verdad fue el objeto", advierte Poe. Todos los nombres imaginarios se corresponden con nombres auténticos; Dupin procede nuevamente a través de la crónica policial de la prensa. Poe estaba convencido de que las invenciones de la imaginación tenían un estatuto comparable a los asuntos de la realidad. Como le ocurría a sus personajes se extraviaba en un estado intermedio entre la vigilia y la alucinación. Ante la incredulidad que produjo "El extraño caso del señor Valdemar", reaccionó diciendo que "los hechos están probados por el relato". La misma observación se encuentra en la "Narración de Arthur Gordon Pym", que además pretende tener valor científico en sus descripciones del Polo Sur. La manifestación extrema de esta creencia surgió en la escritura de "Eureka", que presentó como una revolución del conocimiento, ya que se allí se explicaba supuestamente el origen del cosmos. Pero que Poe se haya "equivocado" es secundario; lo importante son los efectos de su pensamiento en la creación y la teoría artística, donde su aporte resultó extraordinario.
"Poe fue un proyector de sombras múltiples -escribió Jorge Luis Borges-. ¿Cuántas cosas surgen de Poe?" A lo largo de los años, la respuesta a esa pregunta marca momentos decisivos en la historia literaria.

En El Litoral, Santa Fe, 18 de abril de 1997

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