sábado, 4 de junio de 2011

Stanley Sylvester en el Bajo Saladillo

Ocurrió el 23 de mayo de 1971. Ese día Stanley Sylvester, cónsul inglés en Rosario y gerente del frigorífico Swift, fue secuestrado por un comando del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Durante una semana, la atención de la ciudad y el país estuvo concentrada en el episodio, potenciada por sus características extraordinarias y sobre todo por las demandas de los secuestradores, que exigieron como rescate la reincorporación de trabajadores despedidos del frigorífico y la entrega de alimentos, frazadas y útiles escolares en concepto de indemnización a los obreros de la carne. A cuarenta años, el secuestro de Sylvester aún tiene historias para contar.
   “El objetivo no era sacar plata. Lo que queríamos era difundir las reivindicaciones populares y que la prensa imprimiera nuestros comunicados. Fue una acción de propaganda armada”, dice Jorge Luis Marcos, que en mayo de 1971 integraba el comité militar del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y que poco después tendría bajo su dirección al ERP.
   Militante histórico del PRT-ERP, Marcos participó en acciones resonantes, como el asalto a un tren pagador en la estación de barrio Vila, realizado en 1970 con el objetivo de recaudar fondos para el V Congreso del PRT, realizado en una isla del delta del Paraná, frente a San Nicolás, donde precisamente se fundó el ERP; el apoyo externo para la fuga de la cárcel de Rawson, en agosto de 1972, y la guerrilla en Tucumán, con la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez. Estuvo preso entre agosto de 1972 y mayo de 1973 y entre 1974 y 1984. “Nosotros decíamos que la cárcel era una escuela para los revolucionarios. Pero aquello fue la escuela, la universidad, el posgrado... y en muy malas condiciones”, recuerda.
   Según distintas estimaciones, en 1970 el PRT tenía entre 150 y 300 militantes. En Rosario, el área de influencia del frigorífico Swift, el núcleo del cordón industrial de la ciudad, era un punto de concentración de la militancia.
   En septiembre de 1970 el frigorífico inició un plan de suspensiones que afectó a la totalidad de su personal, 4.400 obreros, y cerró temporalmente su planta en Rosario, en rechazo al intento del gobierno del dictador Roberto Levingston para regular el precio de la carne. La situación comenzó a normalizarse en febrero de 1971, con la lenta reincorporación de los suspendidos.
   “Teníamos mucho trabajo en la zona del Swift. Un gran compañero, Telésforo Gómez, trabajaba en el frigorífico y cuando lo echaron por activar se volcó sobre el barrio. Era un obrero muy enérgico y sacrificado; nosotros lo mandamos a Cuba para que tuviera entrenamiento. Personalmente yo conocía en la villa a la familia Rodríguez, una pareja que tenía 9 hijos, a los que nosotros educamos. Ellos vivían en La 18, una villa impresionante que iba de bulevar Seguí al fondo hasta el frigorífico. Cuando nos buscaba la policía, nos escondían en la villa. Además colaboraban cuando organizábamos repartos de comida y de leche que expropiábamos de empresas monopólicas o de grandes capitales”, dice Marcos.
   El 20 de enero de 1971 un comando del ERP repartió carne en el Bajo Saladillo, previa expropiación de un camión del Swift cargado de reses con menudencias. Este tipo de acciones se hicieron recurrentes. “Había mucha participación de gente de la villa, a nivel del ERP —agrega Marcos—. Al PRT lo veían como algo más teórico; el ERP era lo concreto. Los vecinos incluso nos vendían la revista, Estrella Roja, era una actividad de inserción”.
   El plan del secuestro de Sylvester, dice Marcos, surgió del equipo de militantes del Swift, que estaba dirigido por Osvaldo Debenedetti, el Tordo, y que integraban, entre otros, Telésforo Gómez, Ricardo Arias, Rita Montenegro —“una compañera de San Lorenzo que llegó a ser capitán del ERP”— y Martha Antonia Martínez Molina. Al iniciarse la operación se incorporó el comité militar, encabezado por Jorge Carlos Molina.
   “El secuestro —rememora Marcos— se preparó en la casa donde vivían Jorge Molina y su compañera, Nilda Míguez, la Negrita. Era una casa con garaje que habíamos alquilado sobre calle Lamadrid al fondo. La habíamos elegido porque era una calle de tierra, donde terminaba el terraplén y rompía la vía del ferrocarril”.
   En ese lugar, los militantes del PRT construyeron una especie de sótano a la espera del gerente. “La casa tenía un galpón chico. Ahí se cavó un pozo, se hizo un cubículo que tenía una tapa. No parecía muy seguro, pero la idea era tenerlo unos días. La elección de Sylvester fue por el tema del frigorífico, no porque se tratara del cónsul inglés”, agrega Marcos. El gerente tenía 58 años y llevaba doce años al frente del Swift.


La ciudad sitiada


La operación fue debatida y aprobada en el comité nacional del ERP, donde estaban Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo, Domingo Menna, Luis Pujals y el propio Marcos, entre otros. Pero su puesta en marcha fue un acto improvisado en medio de los seguimientos y las guardias en torno a la casa de Sylvester, en el barrio de Fisherton.
   “En uno de los chequeos, el Tordo y Molina ven que Sylvester sale de su casa a la panadería del barrio. Ya teníamos todo preparado, pero no era el día previsto. El hecho concreto fue que detuvieron a Sylvester, lo subieron a un auto y se lo llevaron a la casa”, cuenta Marcos.
   La repercusión del secuestro traspasó los límites de la ciudad. El gobierno nacional acusó el impacto y el nombre del ERP, hasta entonces más o menos confundido entre otras siglas de organizaciones armadas, fue de conocimiento público. La ciudad de Rosario quedó cerrada y la policía, al mando del comandante de Gendarmería Agustín Feced, inició una frenética búsqueda del cónsul, con el apoyo de 500 agentes de la Policía Federal, enviados desde Buenos Aires a las órdenes del mando del inspector mayor Alberto Villar.
   La búsqueda acudió a los operativos rastrillo, concebidos por el general Juan Carlos Sánchez, jefe del II Cuerpo de Ejército. La policía buscaba casa por casa en los barrios Stella Maris, Roque Sáenz Peña y Saladillo. El cónsul seguía oculto en la casa de calle Lamadrid.
   “Hubo un hecho que nos hizo preocupar —sigue Jorge Luis Marcos—. Una vecina le decía a Nilda, la compañera de Molina: «Lárguenlo al inglés, lárguenlo a Sylvester». Era una broma y le seguíamos la corriente, pero nosotros lo teníamos ahí. El otro momento en que nos pusimos nerviosos fue cuando pasó un operativo rastrillo”.
   Los policías federales avanzaban palmo a palmo por el barrio. “Sylvester mantenía el espíritu, pero él también se asustó en ese momento. «No va a pasar nada», decía; él nos tranquilizaba a nosotros. Y el rastrillo fue por la cuadra de enfrente y siguió de largo”, agrega Marcos.
   El ERP difundió siete comunicados en el transcurso del secuestro. El 27 de mayo dio a conocer sus exigencias para liberar al prisionero: la reincorporación de los 800 trabajadores cesantes en el frigorífico y el pago de los salarios que se adeudaran; la reducción del tope de producción y “el cese del trato policial por parte de los jefes”; en carácter de indemnización, la empresa debía repartir 25 millones de pesos en alimentos, frazadas y útiles escolares entre los obreros y en villas y escuelas de la zona.
   La acción quedó registrada en Swift, un cortometraje de Raymundo Gleyzer, cineasta desaparecido en 1976. La voz del periodista Carlos Fechenbach anuncia el acontecimiento inusitado: “Faltan instantes para las 15 horas —dice—. Hoy es viernes 28 de mayo de 1971. Estamos en uno de los patios frente a la planta del frigorifico Swift”. El cronista ingresa a la planta, se dirige a un mostrador, abre un bolso y comienza a mostrar su contenido: “He aquí uno de los bolsos con provisiones que va a ser entregado al personal: un kilo de arroz, una botella de aceite, leche entera en polvo y azúcar. Aparte le van a entregar dos frazadas a cada uno; 3.600 personas van a recibir en este momento cada bulto”.
   Los diarios de la época registraron la alegría con que los trabajadores recibieron los alimentos y las frazadas. Sylvester fue liberado sano y salvo el 30 de mayo de 1971. Al momento de un balance, dice Jorge Marcos: “Nosotros estamos contando las derrotas. Pero aquel fue un gran triunfo de las fuerzas revolucionarias. Nosotros lo sentimos así. Fue una acción impactante”.
   Casi todos los militantes que participaron en el secuestro fueron muertos por la policía o desaparecieron durante la dictadura. A partir del caso Sylvester, la saga del ERP transcurrió en forma vertiginosa y acelerada. A cuarenta años del secuestro del cónsul, tal vez sean osibles nuevos acercamientos a su historia, para abrir nuevas relatos y nuevas interpretaciones.

En Diario La Capital, Señales, Rosario, 30 de mayo de 2011.

No hay comentarios:

Publicar un comentario