martes, 2 de agosto de 2011

En Leedor.com

por Juan Manuel Candal

La colección Negro Absoluto, dirigida por Juan Sasturain, viene trabajando la noción del policial negro ambientado en la Argentina desde hace ya unos años. Los autores que han participado pueden situar a sus personajes en 1920, 1950 o en el presente o un futuro apenas un paso adelante del momento en que vivimos. La premisa sólo es inflexible en cuanto al género y la ubicación geográfica. A lo largo de la serie, autores de renombre y trayectoria tanto como otros con menos rodaje pero evidente interés en explorar esta vertiente han publicado sus obras: Elvio Gandolfo, Gabriel Sosa, Juan Terranova, Ricardo Romero, Leonardo Oyola, etc.

Entre ellos, Osvaldo Aguirre, que acaba de terminar una suerte de trilogía con su último libro de la colección, titulado “El novato”. El autor nos regala un rato de su tiempo para discutir un poco sus novelas, el género y los planes a futuro.


¿Cómo surgió tu acercamiento al policial y a la colección Negro Absoluto?

Soy lector del género desde muy joven. Me gustan en particular algunos autores que quedaron un poco en segundo plano, detrás de los clásicos, o que no fueron aceptados del todo, por las características revulsivas de sus obras, como Horace McCoy, Jim Thompson o José Giovanni. Al mismo tiempo, además de las novelas, me interesó también la crítica del género, su historia en Argentina, lo que pude hacer a través de la lectura y la amistad con Jorge Lafforgue, Jorge B. Rivera, Juan Sasturain. El acercamiento con Negro Absoluto se produjo precisamente por una propuesta de Sasturain. En 2007 me llamó por teléfono a mi casa, en Rosario, y me explicó el plan general de la colección. Días después nos vimos en Buenos Aires, con él y con Ricardo Romero, el editor de Negro Absoluto. El punto de partida era recuperar la figura del investigador y de la ciudad de Buenos Aires como escenario de la ficción, en el marco de una serie donde cada autor ubicaría a sus personajes en un momento histórico distinto. Juan ya pensaba en Gustavo Germán González como posibilidad y yo, apenas me contó el plan, también; fue una especie de transmisión de pensamiento.

Para los que no la conocen, me gustaría que nos contaras sobre tu obra previa y sobre la trilogía de novelas que escribiste para la colección. Que nos cuentes por qué transcurre en esos años, quién es Gustavo Germán González y qué lo distingue de cualquier otro detective de novelas policiales.

Bueno, yo publiqué libros de poesía, de literatura juvenil, de crónica, de investigación histórica. También, previamente, una novela, La Deriva, en la que de alguna manera proceso mis primeras experiencias como cronista policial, en el diario La Capital, de Rosario. Para no cansar con enumeración de títulos, años y editoriales, me remito a esta página . Los libros de investigación me sirvieron para conocer en detalle la época en que transcurren las historias de la trilogía, que es la Década Infame, un período que me parece particularmente interesante por la mezcla explosiva de personajes, fenómenos delictivos y conflictos sociales que se producen entonces. En esas investigaciones -para Historias de la mafia en la Argentina, o Enemigos públicos- incluí como parte de la bibliografía los libros de Gustavo Germán González; libritos, más bien, porque eran unas ediciones muy berretas, unas recopilaciones de algunos de sus artículos que aparecieron a principios de los 70 en papel de diario y que conseguí por monedas en librerías de saldo de la avenida de Mayo. Además, en un momento, empecé una investigación sobre GGG para una nota que no llegué a escribir; no obstante, entonces me entrevisté con algunos periodistas que lo habían conocido o trabajado con él, como Enrique Sdrech y Baudilio Fernández, que me aportaron muchísimos datos. Todo ese material configuraba una documentación bastante exhaustiva. En vida, por otra parte, GGG se convirtió en personaje de leyenda, en el sentido de que sus historias circulaban en las redacciones; se hizo célebre por su culto de la primicia y su falta absoluta de escrúpulos con tal de llegar primero a la noticia. De manera que tomarlo en la ficción era continuar, en un sentido, aquellos relatos. Para mí, lo histórico y el personaje mismo, quisiera dejarlo en claro, son sólo puntos de partida de las novelas. Es decir, no pretendo que los lectores digan “ahhh, qué bien que está retratada la época” o “uh, así era aquel tipo”. No. Lo que me importa es que lo histórico y el personaje habiliten la ficción, el trabajo de la imaginación; que sean verosímiles y estén construidos rigurosamente, pero para pensar en una historia que no tiene ninguna atadura más allá de sí misma. No deja de ser gracioso, para mí, siendo rosarino, el hecho de ambientar la novela en Buenos Aires. Yo viajo con frecuencia a Buenos Aires, desde hace tiempo, por razones de trabajo, pero todavía me pasa de tomarme un colectivo y bajarme mal. Pero eso no tiene nada que ver con la ficción, donde lo importante, a lo mejor, no es tanto cuánto sabe uno de un lugar, un tiempo y un personaje determinado sino la intensidad con que logra capturar la atención de los lectores y contar la historia, la ilusión que produce.

¿Cuánta investigación llevó que el personaje viviera en los años 30?
Además de lo que ya conté, hago pequeñas investigaciones ad hoc para cada novela. Por ejemplo, me pongo a leer revistas de la época, o busco libros de fotografía antigua. Es parte del juego.

¿Desde el comienzo se planteó llevar a cabo una trilogía, o en principio era una novela que luego se fue expandiendo? ¿Pensás que es posible continuarla, tanto en el personaje del detective Gustavo Germán González como en el de su discípulo, que aparece en la última entrega?

La propuesta inicial era escribir tres novelas. Pero al principio yo solo tenía la idea para la primera, Los indeseables, donde el personaje investiga el asesinato de una prostituta francesa y con esa excusa se va revelando el trasfondo de la época, del ambiente periodístico, de la marginalidad, algo que me fascina. Al año siguiente salió Todos mienten, la segunda entrega. Hay personajes que van pasando de una novela a otra, creando cierta continuidad. Y sí, en El novato aparece un nuevo personaje, Fabio Vincenti, que podría proyectarse en una continuación de la saga.

En la última novela, hay mucha más digresión, puesta en voz de los personajes. Y algunos de los temas son muy actuales: no es tanto qué es lo que ocurre, sino cómo se lo dice.

Aunque esté situada en la década de 1930, la novela remite a la actualidad. Como cualquier otro libro, en la medida en que estamos leyendo desde el presente y en el presente. Entonces se filtran cuestiones o temas de reflexión que son de actualidad y a la vez de la tradición del género, como la construcción de la verdad, o la dificultad de llegar a eso que llamamos verdad. Al mismo tiempo el personaje y las situaciones me permiten recuperar cosas de mi propia experiencia, tanto en lo más anecdótico como en la reflexión sobre la crónica, la relación con la policía, el lugar particular del periodista, la ciudad como espacio de la ficción y los marginales como verdaderos protagonistas de los sucesos policiales.

¿Encontraste en el policial un género de interés más allá de estos personajes? ¿Qué novelas policiales podrías decir que tuvieron alguna influencia en vos, en tu trilogía y en tu modo de pensar el policial negro?

Trabajé el policial en otros libros, como Notas en un diario, que son relatos de no ficción sobre la experiencia de hacer crónica policial. Además he escrito muchos artículos, sobre la historia de la crónica policial en la Argentina, sobre la historia de los asesinos seriales, sobre autores puntuales como Raymond Chandler, Jim Thompson, Rodolfo Walsh y otros. Las influencias están entre todas esas lecturas. No sé si podría decir “es este libro, es este autor”. Es el conjunto, más bien, de lo que leí.

La trilogía está terminada. Dentro o fuera del policial, ¿cuáles son tus próximos pasos?

Tengo algunas ideas, pero todavía con escaso desarrollo. No sé si vale la pena contarlas, porque de ahí a escribirlas falta, y cuando uno empieza a escribir los apuntes generalmente se transforman en cosas que pueden ser muy distintas. A veces me canso un poco de lo policial, pero siento que algunos personajes que conocí, algunas historias que todavía no pude contar, me siguen llamando y no me voy a quedar tranquilo hasta que haga algo con ellas.


Publicado en Leedor el 1-08-2011