miércoles, 7 de septiembre de 2011

7 de septiembre de 2011




A propósito de las notas que no se pueden hacer, de los fracasos periodísticos. En un encuentro, a propósito del prólogo de La conexión latina, C. se refirió al "cronista tímido" que aparece allí en busca de François Chiappe, uno de los protagonistas de la historia, el último que quedaba con vida y en libertad, al menos en Argentina, justamente para contar la historia. No era una crítica, sino un comentario afectuoso. Pero la timidez parece un atributo más bien extraño para un cronista.

Nunca pude hablar con Chiappe, porque su mujer me lo impidió. Fui tres veces a su casa, en La Falda, y ni siquiera la tercera fue la vencida. Margarita, la mujer, ni siquiera me escuchó. Hablaba más bien sola, tal vez discutía con otros cuando me contestaba. No le interesaba dar entrevistas. ¿Por qué lo haría? ¿Con qué derecho iba a meterme en su casa, a revolver un pasado que en buena medida había sido olvidado?

Después se enojó. Terminó enterándose porque el libro llegó a la única librería de la ciudad y lo presentamos en el hotel, frente a su casa. El intendente puso a disposición una pickup con un altavoz y un texto grabado: "Hoy, presentación. La conexión latina. De la mafia corsa a la ruta argentina de la heroína". Pero en La Falda recordaban a Chiappe como un buen vecino. De todas maneras Margarita dijo que iba a hablar conmigo, que iba a revelar la verdad. Repitió esas palabras cuando murió su esposo y la prensa se ocupó otra vez de recordar aquellas cosas por las que se hizo conocido: Argelia, el narcotráfico, el robo al banco, la salida de Villa Devoto, la extradición a Estados Unidos. Pero hasta ahora no lo hizo, no contó cuál era esa verdad.

Las grandes notas que no se consiguen, las primicias fallidas, son más reveladoras que los presuntos éxitos, las notas de tapa, los temas del día.