miércoles, 14 de diciembre de 2011

"Busco que el poema tenga una ondulación musical"



José Villa. Foto: Mario Varela


José Villa es uno de los autores más importantes de la nueva poesía argentina. Nacido en Martín Coronado, provincia de Buenos Aires, en 1966, publicó 8 poemas (Ediciones del Diego, 1998), Cornucopia (Trompa de Falopo, 1996; Ediciones del Diego, 2002), Wu (Casa de la Poesía, 2000), Poemas largos (Ediciones 73, 2006), Es un Campo (Selecciones de Amadeo Mandarino, 2006)  y  Camino de vacas (textos reunidos, Gog y Magog, 2007). Fue integrante de la revista de poesía 18 whiskys y la editorial Ediciones del Diego, y dirige el proyecto digital Atmósfera (revista-atmosfera.com.ar).



-En los comentarios finales de Camino de vacas hay un “continuará”, como anuncio de la escritura en curso. ¿Hubo una continuación?
-No. Hice varios intentos de cambiar de forma y fui desechando lo que escribía, deseché casi todo. Ahora recién empecé a elaborar un trabajo en prosa, una prosa poética, como en Cornucopia. Pero no tiene nada que ver con descripción de cosas ni con sensaciones. Me aboqué un poco más a hacer un trabajo donde se mezclan lo onírico -con muchas imágenes- y algunas sentencias. Y trabajando con esas sentencias, las fui desarmando, porque no me gusta escribir aforismos ni nada de eso, tratando de establecer una especie de relato. Se me mezclaron esas formas: prosa poética, ensayo, narrativa. Tal vez en algún momento pueda enganchar con temas que me quedaron pendientes en Camino de vacas.

-Cuando decías “continuará”, ¿pensabas en algún poema en particular, tenías algún proyecto en vista?
-El último libro estaba bastante parado. Era una serie que yo iba haciendo de a poquito, porque el devenir de los cuerpos poéticos no es cronológico. “Terrible levedad”, por ejemplo, el poema del casamiento de unos amigos, lo terminé poco antes de editar el libro; sin embargo lo había escrito diez años antes. En la última parte, Camino de vacas propiamente, hay poemas que había venido trabajando a lo largo de unos cuantos años, como una serie que yo tenía en reserva y que iba desarrollando. En el momento en que edito el libro me di cuenta de que esa serie cerraba el conjunto de imágenes que tenía. Quizá saqué algunos poemas que me parecían redundantes y puse “continuará” porque la idea era seguir desarrollando. Y tal vez los siga.

-¿Qué sentido le das a esa imagen, la del camino de vacas, por qué le diste ese título a tu obra reunida?
-En primer lugar las imágenes me parece que son momentos que se abren que contienen una gran condensación de otras imágenes. Esto a mí me genera una valoración del tiempo bastante heterogénea y una cantidad de sentidos. Literalmente, el camino de vacas resulta de un recorrido azaroso, algo que excede al proyecto que uno pueda tener. Es una mezcla de ambas cosas, por un lado la intención de armar un texto, con toda la carga de sentido que eso implica, y a la vez comprender que esa idea permanentemente se abre y se vuelve a diseminar.

Entrevista completa en Diario de Poesía número 83.

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