lunes, 12 de marzo de 2012

Trabajo, familia y creación


Francisco Gandolfo, circa 1974.


Sobre la Correspondencia de Francisco Gandolfo, publicado en Ñ

por Miguel Angel Petrecca

Recopilar y publicar la correspondencia de un autor puede ser una operación delicada, en la medida en que supone cruzar la frontera que divide el ámbito de lo privado del de lo público. Los motivos que se arguyen para justificar esa decisión son varios, y en el caso de la Correspondencia de Francisco Gandolfo, recientemente editada por Ediciones en Danza, todos parecen conjugarse: el libro tiene, indudablemente, un valor documental importante, suministrando elementos acerca de la vida y formación del poeta y editor rosarino, y acerca de la historia del grupo del Lagrimal Trifurca, y es a la vez, y por encima de todo, un libro de lectura apasionante.

Se trata de 133 cartas seleccionadas por el poeta y periodista Osvaldo Aguirre de entre las cerca de ochocientos que integran el archivo de Francisco Gandolfo. La muestra, como señala Aguirre, “exhibe el proceso de producción de los libros y la forma en que fueron recibidos, los vínculos y enfrentamientos sostenidos en el campo literario, las lecturas, los problemas y las cuestiones que atravesaron la escritura”. El volumen no sólo nos permite ver desde adentro la historia del poeta y del grupo de El Lagrimal Trifurca; también provee, por momentos, algo así como una perspectiva o un ángulo insólito desde donde ver la historia de la poesía argentina. Como si en una película vista varias veces encontráramos, de repente, tomas perdidas, o que habían sido dejadas fuera de un corte anterior.


Tiempos de búsqueda


Una serie de ejes fundamentales atraviesan tanto la vida de Gandolfo como su correspondencia: el tema de su formación poética, realizada tardía y solitariamente, a lo largo de veinte años, el de la relación entre trabajo, familia y creación poética, la búsqueda permanente de una lectura crítica para su poesía y de la ampliación de su público lector. Respecto del primero de esos ejes, la correspondencia permite seguir algunas de las lecturas de Gandolfo y su arduo proceso de formación. De hecho, la primera carta del archivo, fechada en 1947, está dirigida a Juan Solano Luis, un poeta que había conocido mientras hacía el servicio militar en San Rafael, y que durante un tiempo le orienta en lecturas y le aporta una mirada sobre sus textos.

Poco después Gandolfo se muda a la ciudad de Rosario, donde trabaja como tipógrafo en una imprenta, un oficio que había aprendido en su adolescencia. Sigue escribiendo y leyendo, pero siempre al margen de todo grupo literario, formándose de manera autodidacta y recibiendo sistemáticamente el rechazo de los diferentes diarios a los que enviaba sus poemas. En 1959 envía sus poemas a un poeta santafesino, Jorge Vázquez Rossi, quien le responde con una carta larga en la que critica vehementemente los versos del joven Gandolfo: “Con toda franqueza”, escribe Vázquez Rossi, “he de decirle que en general no me agradan sus trabajos”. Gandolfo asimiló el golpe y salió fortalecido. En su respuesta a esta carta, siete años después, luego de haber sido premiado por el mismo Vázquez Rossi en un concurso, Gandolfo le confiesa, de hecho, que su reacción frente a aquella carta fue “intensificar sus búsquedas en lecturas y creación”. Un año más tarde publicaría su primer libro, Mitos, un salto cualitativo en el que se encontraban delineados ya los elementos característicos de su poética.

La imprenta familiar

Otro de los ejes señalados, el de la relación entre trabajo, familia y creación, aparece en esa misma carta a Vázquez Rossi, cuando Gandolfo, luego de señalar la dificultad de mantener una familia y escribir, sostiene, sin embargo, que “estas luchas materiales sirven también para darle tensión vital a mis versos”. Trabajo, familia y poesía, de hecho, aparecen íntimamente entrelazados y condensados en Gandolfo, sobre todo a partir de 1964, con el establecimiento de su propia imprenta. No sólo porque Gandolfo operaba la imprenta junto con sus hijos y porque, como cuenta Sergio Kern en una de las entrevistas que cierran el libro, era capaz de conjugar trabajo y lectura, aprovechando las pausas entre la impresión de los pliegos, sino también porque ahí mismo se comenzaría a imprimir, poco después, la revista El Lagrimal Trifurca, alrededor de la cual se congregó un grupo de poetas jóvenes rosarinos, como Eduardo D’Anna, Hugo Diz y Samuel Wolpin. La revista, y luego las plaquetas que pudieron editar, ayudó a crear un protocanon de la poesía rosarina, a difundir a poetas jóvenes locales y de otras zonas, y también le permitió a Gandolfo establecer lazos con diferentes actores del campo literario. El grupo se convirtió así en un actor clave de la vida cultural, que se mantuvo activo incluso a lo largo de los años de la Dictadura.

Este libro se completa con los “Testimonios” escritos por corresponsales y personas del círculo de Gandolfo, que agregan información relevante sobre su persona y sobre la época y dan cuenta del significado de la tarea llevada adelante por aquél. Muestran, también, otro aspecto de su legado, en la gratitud y el cariño de quienes lo evocan.