viernes, 27 de abril de 2012

Memoria e inspiración

Los días de la infancia, la vida cotidiana en un pueblo y en el campo y la pregunta por la permanencia y las proyecciones de esas experiencias en la actualidad son los temas predominantes en Cerca del paraíso, el último libro de la gran poeta santafesina Marilyn Contardi (Zenón Pereyra, 1936).

Cerca del paraíso comprende poemas ordenados en dos partes: la primera, "De entrecasa", incluye los textos más vinculados con los recuerdos y la memoria del hogar, en un mundo donde predominan las figuras femeninas (la madre, la hermana, la gata); la segunda, "Nada más que impresiones" incorpora prosas breves y poemas desencadenados por el contacto con otros paisajes, en principio ajenos pero íntimamente conectados con el espacio natal.

La figura de la madre es muy fuerte. Está presente en las tareas cotidianas (prepara la merienda, cuelga la ropa, atiende al vendedor a domicilio, observa a las hijas cuando juegan en el patio), en un ámbito que no parece extenderse más allá de la galería de la casa. Pero el recuerdo excede lo anecdótico, para ceñir una especie de vibración emocional que perdura: así, el acto de atar el moño en el cabello de su hija, recuperado en el poema, "nos envuelve/ en su centro/ de esplendor// atraviesa/ sin un roce/ las distancias/ los años// se filtra,/ ahora mismo/ con el rayo de sol". La voz que habla en los poemas pasa del singular al plural, para incorporar a la hermana y por extensión la percepción infantil que modula a los poemas: "Aquí sólo/ sabemos/ de reglas,/ y modos/ y medidas,/ para los/ juegos". El mundo es evocado entonces según el conocimiento que tienen los niños: un registro donde el silbato del tren marca las once y el olor a Particulares negros señala el regreso del padre.

Así, un texto discretamente titulado "Poema sin nombre" despliega una muestra maravillosa de esa percepción, a través de una enumeración de los olores (de la tierra, de la piel, de las plantas, de los animales, de los objetos, de la tinta en los cuadernos, etcétera) que quedaron asociados a la infancia. Si hubo algo que los niños supieron entonces fue qué cosa era la felicidad. Pero, desde el presente, la mirada captura también "un punto/ una falla/ un quiebre// por donde se filtraba/ como el polvo fino/ en la casa abandonada,/ inexorable, ciego,/ el oscuro reverso de los años": aquello que los niños no podían atender, el paso del tiempo y la pérdida de las cosas amadas.

En "Conversaciones con mi gata", otro poema notable del libro, Marilyn Contardi observa que la belleza se encontraba (se encuentra) en las cosas inmediatas, en las mínimas presencias cotidianas. Puede ser algo tan común como un gorrión visto al pasar ("Gorrión en la terraza del bar"), o tan viejo como las estrellas, que "después de todo/ llevan millones/ de años/ allá arriba/ esperando/ que al fin/ te decidas/ a levantar/ la cabeza/ y las mires" ("Pequeñas estrellas"). Porque la belleza, dice Contardi, existe en la medida en que alguien mira, en tanto alguien descubre una ignorada luz de intensidad. Y al mismo tiempo no se deja apresar fácilmente por las palabras, al contrario: "Si hay algo/ inexplicable/ inestable y fijo/ inocente y desenfadado/ macizo y permeable/ acogedor e impenetrable/ inconmovible y tenue/ ardiente y helado/ simple y complejo/ es la belleza".

Como un soplo que reaviva un fuego, los poemas de Cerca del paraíso recuperan las voces y las presencias de un mundo que advino a traves de los sentidos ("Fuimos todo eso:/ todo lo que vimos,/ lo que oímos") y que nunca desapareció por completo, como los perros que acompañaban las salidas de la casa y siguen trotando al lado, aunque no estén físicamente presentes. Porque "todo está en la memoria,/ en su enciclopedia de hojas de biblia/ y cantos empolvados de oro,// cuando se abre,/ todas las iluminaciones/ se ponen a vivir"; y esa memoria es la inspiración de esta poesía extraordinaria.

En Señales, La Capital, Rosario, 8 de abril de 2012.

lunes, 23 de abril de 2012

Una familia muy normal

Sobre Los puntos ciegos de Emilia, de Cristina Feijóo.

Emilia lleva una vida tranquila y normal. Es profesora de piano, está casada con un médico reconocido y tiene un hijo de unos veinte años. Su esposo pertenece a una familia de bien, una familia burguesa, una familia con sólidos principios católicos, los Galli. Pero esa apariencia no es más que eso, una fachada que oculta un pasado atravesado por la violencia y la mentira y que sólo pudo sostenerse a fuerza de negación, hasta que ocurre algo que lo hace asomar a la superficie y entonces ya no puede ser disimulado.

Ese algo que ocurre se desata a partir de una sospecha. Emilia cree que su marido tiene una amante, y rápidamente encuentra indicios que parecen confirmar sus pensamientos. Ha vivido desconectada del mundo que lo rodea y de pronto tiene que enfrentar la realidad. Sus puntos ciegos son sus mecanismos de negación, "siempre activos y dispuestos a borrar cualquier cosa que me resultara ingrata". Y el descubrimiento la lleva a volver sobre el pasado, a desenterrar su historia familiar.

Hija de una actriz errante y de padre desconocido, la familia de Emilia es el opuesto de los Galli. Por eso adhiere a los valores que representa su esposo, con el convencimiento de los conversos. Claro que la familia respetable encubre secretos que desmienten su honorabilidad: maridos golpeadores, hijos extraconyugales adoptados con adulteración de su identidad, matrimonios sostenidos al precio de tolerar las humillaciones e ignorar la mutua extrañeza.

En la reconstrucción de Emilia, el inicio del derrumbe tiene una fecha precisa: el 30 de diciembre de 2004, cuando ocurrió el incendio de Cromañon. Su hijo, Octavio, estuvo entre los sobrevivientes y ella, al menos en principio, no quiso saber nada de los hechos. Pero desconocer lo que inquieta no es la forma de conjurar lo que puede resultar peligroso, o disgregador, sino precisamente crear las condiciones para que se preserve y desarrolle; la tragedia, por la negación de la madre, "incubaba el germen de nuestra enfermedad familiar".

Emilia identifica a la supuesta amante de su esposo y recurre a un sobrino, Estanislao. Sólo quiere darle un susto, pero ya se sabe lo que pasa cuando se le pide algo así a una personalidad que alienta un grave trastorno, como es el caso del sobrino, y que de alguna manera esperaba una justificación para liberar la violencia tanto tiempo reprimida. Y lo que pasa aquí es horroroso. Pero el acento de la novela no parece puesto en el hecho en sí, ni en un enigma de tipo policial: desde el primer capítulo, cuando Emilia acude a su cuñada en busca del respaldo familiar, sabemos que Estanislao violó y asesinó a la supuesta amante.

La cuestión básica es cómo eso que parecía sepultado volvió a reaparecer, con toda su fuerza, potenciado por el ocultamiento y el silencio; y qué dice respecto de una serie de creencias y comportamientos que pasaban por convencionales y rutinarios. Autora de las novelas Memorias del río inmóvil (premio Clarín, 2001), La casa operativa (2007) y Afuera (2008), Cristina Feijóo (www.cristinafeijoo.com.ar) construye una narración intensa y minuciosamente articulada con esa historia.

(en Señales, diario La Capital, 20 de abril)