lunes, 24 de septiembre de 2012

Unas líneas recuperadas

En 1982 Francisco Gandolfo publicó la plaqueta Poemas inéditos, de Rubén Sevlever. La edición incluyó un texto de Mario Levrero, "La poesía de Rubén Sevlever". Según las referencias en la correspondencia que ambos mantuvieron por la época, Gandolfo cortó unas diez líneas del texto, porque referían a sí mismo en términos elogiosos.
En el archivo minucioso y ordenado que dejó Gandolfo no se conservó el texto original de Levrero. Hace unos días, revisando mis papeles, descubrí que Sevlever me lo pasó, con otros textos. Debió ser a fines de 2010, cuando lo vi por última vez. Aquí lo transcribo.

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Sería interesante poder determinar las razones por las que Rosario cuenta con la poesía como una de sus principales industrias. Cualesquiera que ellas sean, lo cierto es que han permitido la existencia de un importante caudal de poetas. Entre ellos se destacan nítidamente dos, que parecen ubicados en los extremos opuestos de ese amplio espectro rosarino: Francisco Gandolfo y Rubén Sevlever, candidatos a ser reconocidos un día entre los representantes más sólidos de una generación argentina de poetas.

Si en uno de los polos o extremos Gandolfo aparece empeñado en hacer que el verbo se haga carne, en el otro polo Sevlever elige la contemplación muda, casi despersonalizada, de ese mismo verbo. Si Gandolfo corre el riesgo de negar la poesía desde adentro (sus libros de poemas son cada vez más novelas, en las que cada poema es un párrafo que, aislado, tiene una vida propia incuestionable -antipoesía), Sevlever corre el riesgo de transformarse en la expresión más acabada de la poesía propiamente dicha.

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