lunes, 19 de noviembre de 2012

El arte del equilibrista

Sobre Flores en las grietas. Autobiografía y literatura, de Richard Ford

Flores en las grietas reúne un conjunto de artículos de procedencia diversa: una conferencia, varios prólogos y textos autobiográficos publicados por Richard Ford entre 1992 y 2007. La amistad con Raymond Carver, el análisis de la obra de Anton Chéjov, un modelo del minimalismo norteamericano, y algunos capítulos de lo que sería la novela familiar de Ford —su relación con el padre, la memoria de su abuelo— se destacan en un libro que revela, con la vida de un escritor, interrogantes y descubrimientos decisivos en el oficio.

La cuestión de literatura y vida es uno de los temas insistentes. Ford reivindica el poder de la imaginación, siguiendo el ejemplo de Sherwood Anderson, el escritor que "inventó Ohio" en base a fragmentos de la propia memoria y a la familiaridad y el amor "por el lenguaje con el que dio cuerpo literario a lo fuertes sentimientos e inquietudes que experimentaba".

En "La lectura", reconstruye una escena clave de aprendizaje con un profesor universitario. Entonces "se encendieron para mí una gran cantidad de pequeñas luces y se me hicieron patentes reconocimientos parciales que yo sólo podía entender parcialmente, pero que con los años se desarrollaron y llegaron a estar entre lo más importante que había hecho nunca"; aquel profesor "no sólo me enseñó una manera ordenada de entrar en una narración compleja e intimar con ella, sino también que la literatura se podía abordar tan empíricamente como la vida".

Literatura y vida también se asocian en "El hotel", donde Ford recuerda los períodos que pasó siendo adolescente en el hotel de su abuelo. Una iniciación no tanto en el mundo de los adultos sino en la percepción de un orden de personajes y sucesos que pueden ser materia de relato y también la revelación del contraste entre la vida corriente y la que transcurre en los hoteles, lejos del hogar, y en ese marco la pregunta acerca de cuál es "la vida permanente, la única que producirá historia, memoria".

La verdad de la literatura, dice Ford, está en los detalles. La ficción pone a prueba la sabiduría convencional; "si bien no es fiable para dar con verdades seguras, al menos arroja luz sobre hechos nuevos que, si nos convencen, se transforman en verdades". La fórmula de los buenos relatos consiste en la aleación de intensidad y economía, de modo de "darnos algo muy grande, pero en una valiosa parquedad de tiempo y espacio"; el escritor trabaja con un plan pero lo decisivo viene por azar, incluso por error. A estos preceptos clásicos, Ford agrega la idea de "osadía", en el sentido de que el narrador tiene que despreocuparse de las cualidades observables de la vida real y ser fiel a la configuración del mundo que crean sus propias palabras. El narrador es el equilibrista de la literatura, "el hombre capaz de sostener todos esos platos girando sobre delgadísimos palillos".

A propósito de Carver, en un texto de tono casi confesional, Ford reformula una vez más sus ideas sobre el relato, ahora en su función reparadora: "La cualidad más llamativa de los cuentos de Ray (era) que constituyeran una confirmación personal de su autor, la inquebrantable elección que éste hacía del arte —el cuento— como consuelo de la vida, como agente de belleza", dice.

Ford (1944) ha publicado entre otros libros la trilogía de novelas El periodista deportivo, El Día de la Independencia (con la que ganó el Pulitzer) y Acción de Gracias y Mi madre, un libro de memorias. Flores en las grietas es una ocasión inmejorable para conocer de cerca la intimidad de un gran escritor y compartir con él sus incertidumbres y sus esperanzas.

En Señales, 18 de noviembre de 2012

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