lunes, 19 de noviembre de 2012

Fiebre de sábado por la noche







En La noche, Luis Vignoli presenta una selección de fotografías tomadas durante los años 90 en boliches y bares nocturnos de Rosario. Una memoria en imágenes.

La época transcurre entre 1991 y 1996. Sus escenarios son, entre otros, Contrabando, Púrpura, Sónico, El Reino, Bar del Mar, Ku. Los bares y las discos de Rosario y la diversión nocturna son los temas de La noche, un libro de Luis Vignoli (Rosario, 1968) que inaugura la colección de fotografía de la Editorial Municipal de Rosario y que documenta no sólo escenas de una historia cercana y a la vez desconocida, poco visualizada más allá del registro oral, sino también un territorio inquietante. Porque "de la noche no hay memorias", dice Vignoli.
El antecedente del libro fue Underdance (2011), una muestra en la Biblioteca Alfonsina Storni, donde Vignoli mostró una parte del archivo de imágenes que comenzó a elaborar a principios de los años 90. La noche reúne 47 fotografías seleccionadas sobre un conjunto "de miles". Lo que se distingue, a primera vista, es la euforia, la libertad, lo que Vignoli llama el momento en que caen las máscaras de la vida cotidiana y cada uno presenta "su yo íntimo". Pero también aparecen esos otros aspectos de la fiesta: el bajón, el vértigo, la vida que por unas horas transcurre sin control.

¿En qué marco hiciste estas fotos?
Yo empiezo a trabajar como fotógrafo cuando estudio arquitectura. Lo hago un poco como hobby y se vuelve un trabajo de estudiante. Un amigo, Marcelo Zorzolo, Zorzi, me propone ir a hacer fotos a Púrpura, un boliche que él estaba manejando en Córdoba y Donado. Zorzi empezó a organizar fiestas, su onda era el rock and roll. Los boliches eran entonces chicos, lugares para 200 o 300 personas, y él propone fiestas temáticas, algo que en su momento era novedoso. No había internet, no había facebook, entonces su herramienta de comunicación eran las fotos que yo sacaba. En la semana él las ponía en un álbum y las mostraba. Ahí empiezo mi tarea de fotógrafo de boliche. No había otro que hiciera eso y me empiezan a convocar de revistas de tendencias, de modas, Pan y circo, más adelante D'Mode, Las Rosas, revistas que son de otras ciudades y hacen notas de Rosario. El hobby se vuelve una actividad laboral, yo voy a los boliches a trabajar como fotógrafo. En ese contexto produzco el material para este libro. Pero en realidad las fotos que están en el libro son las que en aquella elección para las revistas quedaron afuera. Lila Seigrist me convoca y me cuenta el proyecto de la colección. Yo hago una preselección de entre 150 y 200 fotos, la editorial hace su corte y se edita finalmente sobre ese corte.

La fiesta es el común denominador de las fotos. Un evento del que definís como testigo, en el texto preliminar del libro.
La fiesta es un lugar antropológicamente interesante para conocernos los humanos. Hay cierta libertad de la fiesta que nos permite sacarnos las máscaras. Las máscaras en el sentido de cómo se presenta uno socialmente. No nos mostramos plenamente sino a través de máscaras. La fiesta es un hecho colectivo, un hecho social donde si bien hay un deseo de mostrarse, de seducir, también hay un momento de liberación para la euforia, para el goce. Y donde en un momento también se empiezan a ver miserias. Hay un momento donde las máscaras se caen y el glamour de la fiesta se vuelve otra cosa. Creo que en estas fotos se empieza a ver, la mayoría están en ese límite donde el momento de mayor esplendor y euforia empieza a hacer la curva y se ven esas cuestiones de glamour y de miseria. Es un segmento del que tengo un particular registro. En las revistas publicaba las fotos sociales, fotos de las máscaras de la gente. En éstas muestro a la gente sin máscaras, en un espacio donde no sé si libera, o se muestra de otra manera. Si bien yo soy testigo también soy protagonista, soy parte de la escena, yo altero la escena. Casi todas las fotos son consensuadas, yo no estoy escrachando a nadie, no soy un paparazzi ni un voyeur escondido.

¿Las fotos son parte de la fiesta?
Tal cual. Estoy en la escena, todos los saben y muchos quieren que yo los fotografíe.

En las imágenes está la alegría de la fiesta, pero también el bajón.
Es la fiesta cuando está al palo. Pero también el contrapunto. La penúltima foto del libro coincide con un hecho que tuvo repercusión periodística, cuando tiraban gases lacrimógenos en los boliches. Nunca quedó claro si era competencia entre boliches, vecinos a los que les molestaban el ruido o algún novio o novia despechada. Me tocó estar cuando fue en Contrabando. Fue un pre Cromañón, pero las puertas de emergencia funcionaron y si bien hubo heridos y personas alteradas por suerte no murió nadie. Yo era el único fotógrafo, y las fotos que hice las publicó La Capital y las publicó Clarín. También hice las fotos para el expediente policial, porque no estaba el fotógrafo de la policía.

¿Ese episodio clausura una época?
Eso fue en diciembre de 1996. En enero de 1997 hay un hito importante que es el asesinato de José Luis Cabezas, ahí hay un antes y un después. Los boliches eran más un club, no estaban los grandes boliches de hoy. Contrabando era masivo, es cierto, tenía cinco pistas, pero en realidad eran cinco clubes en el mismo espacio. También empezaba la historia de la diversidad, que ahora es moneda corriente. Había un boliche gay, pero era clandestino. Recién entonces empiezan las fiestas electrónicas, aparece un lugar como El Reino, aparecen los afters, la fiesta después de la fiesta. No había un concepto social de la diversidad. Y dos por tres estos boliches tenían una clausura, por ruidos molestos, por la reglamentación.

La cuestión de que no existieran internet, las redes sociales, etcétera, ¿permitía hacer mejores fotos?
Ahora hay una cuestión a lo mejor de banalización. Pero no lo veo mal, son signos de la época. No hace tanto tiempo, estoy hablando de 15 o 20 años atrás. Pero a nivel comunicacional, el salto tecnológico que hubo con internet y la fotografía digital es importante. Ahora cualquiera está armado de una cámara y cualquiera puede filmar y grabar con buena resolución. Más las redes sociales, todos tienen su diario de primicias, todos son Crónica TV, uno saca una foto, la sube a facebook e inmediatamente se dispersa por el mundo. Cuando yo hacía las fotos, tenía el monopolio (risas). No había otro fotógrafo en los boliches. Comunicarlo era ir al laboratorio, revelar el rollo, hacer las copias, llamar uno por una a las personas, mostrarles las fotos. Zorzi quería el álbum el lunes, para salir a mostrar: "Esta es la fiesta de la semana pasada, mirá qué buena que se puso, no te estoy chamuyando, mirá las minas que había". Viste cuando te dicen cómo escondés un elefante en la peatonal Córdoba, y que el chiste es llenar la peatonal Córdoba de elefantes. Cuando había un solo fotógrafo a lo mejor era difícil encontrar la foto porque era una y salía cada tanto. Ahora hay miles, pero también es dificil: encontrar la foto es como reconocer un elefante en la multitud de elefantes.

En Señales, 18 de noviembre de 2012.

1 comentario:

  1. Que tal. Muy buen post. Pero lamentablemente no puedo conseguír el libro. Lo quiero comprar

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