lunes, 3 de diciembre de 2012

Barlett, zona rural


11
Un colectivo sin pasajeros por caminos que nadie recorre. Hace sonar su bocina al entrar en cada pueblo. Polvoriento, destrozado, sin los asientos traseros. Un fantasma.

Antes, en Barlett sabían la hora cuando pasaba el colectivo.

12
Estas palabras me enseñabas: brucelosis, mancha, carbunclo.
La brucelosis no tiene síntomas notables a la vista, y se puede contagiar a las personas.
La mancha se observa en cierta dureza de la carne.
El carbunclo es un grano grande, hinchado, color vino. También se contagia a las personas.
Eso es lo que recuerdo.

13
Estos nombres: Smith y Kline, una pareja de científicos; Merck, Sharp & Dohne, tres jóvenes amigos que recorrían el mundo; Rosenbusch, un viejo loco encerrado en un castillo; doctor Mattiazzi, al que seguían las vacas, hipnotizadas; Cooper, el arqueólogo que investigaba las pirámides de Egipto; Pfizer, un justiciero de capa amarilla y blanca; John Wyeth, el vaquero que ocultaba un secreto en su pasado.

14
Es la época del carpintero. Está medio domesticado, porque nos escucha hablar y reír, y se queda en su nido. La época de los agujeros ovalados en el tronco del paraíso, hacia el norte, donde no lo alcanza ninguna tormenta, y de las flores amarillas en la enredadera.

15
Nueve patos fueron a la laguna, más allá del patio grande, en el corral de las vacas. Estuvieron todo el día, terminaba de llover e iban a nadar, a buscar qué comer. Era nueve, en fila, pero volvieron ocho.
Tuvieron que contarlos dos veces, y cuando viniste de Barlett fuiste a verlos, y al fin no hubo nada que hacer: quedaban ocho patos.
-Fue un zorro –decís-. Es un peligro, porque se envician y los perros ya no cazan.

El zorro les ganó de mano, ya que en la casa pensaban hacer el pato al horno.

16
Los caranchos trazan círculos sobre el camino. Les cuesta alzar vuelo, baten con fuerza las alas marrones y blancas, chillan y se te ponen los pelos de punta.

¿Cuál es el pájaro que silba como si fuera una persona? Es una adivinanza cuya respuesta he olvidado.

Dos cigueñas conversan en la laguna. Viene la lluvia.

17
Se puso las botas. Ni me va ni me viene. Matarlo es poco.

18
Así como la magnolia, que floreció en lo alto, después de años, de cuando éramos chicos.
Así como el trébol blanco, que llama a las abejas a la sombra de la magnolia.
Así como el cardo, áspero y coronado en una flor lisa, lila.

19
Algo estorba cuando me calzo la bota: un sapo. Los chicos lo echan a pedradas.

20
En sueños, veo desde lejos un resplandor verde sobre el frente de una casa, en el lugar de una ventana. Es un texto, un poema. Cuando me acerco para leerlo descubro que es un mosquitero.


No hay comentarios:

Publicar un comentario