jueves, 27 de diciembre de 2012

Esto no era una película






La historia del grupo rosarino Cucaño y del Taller de Investigaciones Teatrales (TIT), de Buenos Aires, se asocian en Un glorioso fracaso, una película de Roberto Barandalla y Darío Schvarzstein que forma parte de la muestra Perder la forma humana, que se exhibe actualmente en el Museo Reina Sofía, en Madrid. El film, de treinta minutos de duración, recupera un valioso archivo de imágenes, obtenidas en agosto de 1981 en San Pablo, durante la realización del encuentro Alter Arte II.

Barandalla participó del encuentro en Brasil como parte del Taller de Investigaciones Cinematográficas (TIC), un grupo ligado al TIT. Un glorioso fracaso presenta las imágenes obtenidas en 1981 y entrevistas realizadas el año pasado con el Marinero Turco (Daniel Canale) y Pandora (Graciela Simeoni), ex integrantes de Cucaño, y con Sergio Bellotti y el Gallego (Rubén Santillán), del TIT de Buenos Aires. La exhibición de la película en la Argentina está sujeta a la itinerancia de la muestra, que se exhibirá hasta marzo en España y luego vendrá a la Argentina.

Alter Arte II reunió a integrantes de Cucaño, el TIT y otros grupos hermanos de Brasil, todos de impronta surrealista. La cumbre del encuentro fue una intervención en la Plaza de la República. Según la reconstrucción de Alejandro Rodríguez, "la acción era la siguiente: un contingente de turistas argentinos (los cucaños) llegaba a la plaza un sábado a la mañana con una peste traída desde Argentina y provocando síntomas extraños convertía a los infectados en babosas. A la vez un grupo de cineastas (el TIC de Buenos Aires) estaba haciendo un documental sobre el turismo en San Pablo. Otros «de civil» se filtraban entre el «público» para ayudar a decidir qué hacer con los infectados y socorrer en caso de complicaciones a los actores" (www.enlahoguera.com.ar). Pero el pánico se múltiplicó, llegó la policía, el escándalo llegó a los diarios y varios de los participantes fueron expulsados de Brasil.

El título Un glorioso fracaso fue tomado de un documento de reflexión de Cucaño sobre Alter Arte II. "Planteaban que había sido un glorioso fracaso dice Barandalla. Todo había estado mal organizado, pero se habían conseguido cosas notables como la intervención en la Plaza de la República y el surgimiento de la línea de que había que refundar el Movimiento Surrealista Internacional, como continuación histórica del encuentro entre Trotski y Breton".

Barandalla es también el narrador de la película. Su historia personal introduce a la grupal: después de pasar tres años detenido en Rosario por militar en el Partido Socialista de los Trabajadores, se fue a Buenos Aires, donde se vinculó con el TIT. "La línea de refundar el movimiento surrealista duró apenas unos meses, en los cuales Cucaño produjo Las Brujas y un par de intervenciones históricas, pero en abril de 1982 estalla Malvinas y la política invade todo", dice.

—Nahuel Moreno, el fundador del PST, escribe ese año un folleto que anunciaba algo que no pasó. Se llamaba 1982: comienza la revolución. ¿Cómo influyó en los grupos de artistas?
—Todos entramos por la idea de que la revolución era inminente. ¿Cuánto iba a tardar? Un año, dos, cinco. El 15 de junio de 1982, cuando la derrota de Malvinas, en Buenos Aires hubo una pelea callejera que duró toda la noche y parte del día siguiente, con barricadas y quema de colectivos. Yo participé activamente de esa movilización y de esa lucha y pensé que eso era la revolución, que ya estaba. El partido en el que militábamos nos volcó a la militancia territorial: de la militancia celular, entre grupitos, teníamos que ir a abrir locales a Núñez, o a González Catán. Lo interesante es que los pibes del TIT y de Cucaño, por la actividad misma, se habían desarrollado como grandes agitadores, tipos que influían y gritaban y eran capaces de melonear a muchos. La misma práctica del trabajo teatral y callejero podía transformar a estos chicos que no tenían más de 22, 23 años, en pequeños dirigentes de masas, si se desarrollaban. De hecho Batata (Rubén Campitelli), uno de los más activos del TIT se transforma en candidato y es uno de los oradores del Luna Park: hablan Zamora, Visconti y Batata. Lo cooptan, lo ponen como dirigencia estudiantil, era un tipo que sabía hablar, se sabía parar, sabía plantarse.

—¿Cómo fue la filmación en Brasil?
—Nosotros habíamos fundado el TIT con Eduardo Nico, Sergio Belllotti, Daniel Fiorucci, Adrián Fanjul y otros. Eramos estudiantes de cine en diferentes escuelas y grupos y habíamos empezado a hacer cortos. Cuando viajamos a Brasil, teníamos prácticamente una hora de material. Filmamos a la sans façon, indiscriminadamente, las cosas que iban pasando. Filmamos el viaje, filmamos una fiesta loca donde estamos todos medio porreados, un momento de Tai Chi en la calle, una intervención en el comedor de la universidad para publicitar el encuentro, y la intervención en la Plaza de la República. El festival se hace en la Universidad de San Pablo porque el centro de estudiantes lo habían ganado los troscos.

—¿Cómo se transforman aquellas imágenes en una película?
—Eso fue en agosto de 1981. El verano siguiente armamos el material en dos tortas gigantes, con un orden más o menos cronológico de los eventos. Se lo mostramos a un profesor y nos dijo "bueno, esto no es una película". Había que narrarlo, decir algo, no se entendía qué era. Y eso quedó guardado. En 1994 yo tengo el proyecto de hacer un documental sobre Cucaño y entonces paso el material a VHS para que se pueda ver sin necesidad de un proyector de super ocho, que ya no había. Aplico la beca Antorchas, llego a la instancia final pero finalmente no la gano. Ahí quedó, de nuevo. En 2005, paso el material de VHS un disco y mientras lo digitalizo está conmigo Darío Schvarzstein, un compañero de laburo y un amigo. Mientras mira el material, le voy contando la historia y el tipo queda de una pieza. "Cómo no lo contamos en una película", me dice. Quedó boyando, hasta que apareció la muestra en el Reina Sofía y me propusieron que el material estuviera en la muestra. Yo les ofrecí hacer una reedición y entrevistas actuales, para ponerle sonido, porque salvo la escena de la fiesta loca todo lo demás no tiene sonido. Elegí al Gallego, el director de la intervención en Plaza de la República y del TIT, un tipo que habla poco y tira conceptos como sentencias, y que entonces es ideal para la edición. Elegí a Bellotti porque era el cameraman y va preso y me parecía fundamental que estuviera. Leí el reportaje de Ana Longoni a Pandora y vi que ella tenía una visión muy despojada y franca. Y lo fui a buscar al Marinero, que también estuvo en ese viaje. Necesitábamos un relator y Darío me convenció de que lo hiciera yo. La historia de haber sido preso, porque yo llego al TIT en libertad condicional, explicaba la situación externa: que un pibe de 20 años lo hayan condenado a 3 años de prisión por ser militante hablaba de las condiciones de represión en que este fenómeno se desarrolló.

En Señales, 16 de diciembre de 2012.

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