viernes, 14 de diciembre de 2012

Experiencia de la juventud







"Vuelvo cargando la mayor/ de las responsabilidades: escribir/ el poema más hermoso", dice Daiana Henderson en "Bicicleta", el poema que abre El gran dorado. No se trata de una anotación circunstancial, sino de un desafío que pone a prueba los textos que siguen, donde se asocian recuerdos de infancia, voces y relatos de amigos, escenas domésticas y paseos.

Escritos en primera persona, con los modos de una conversación, los poemas se interrogan con insistencia por personas y situaciones que parecen perdidas, o definitivamente distantes de un momento de plenitud, un tiempo despreocupado en que el futuro no importaba. En "Más de lo mismo", por ejemplo, el hallazgo de una vieja foto hace presente el transcurso de los años y en consecuencia la caducidad de los objetos. Pero en vez de un lamento hay una mirada autocrítica: "Las cosas se van y muchas veces/ no se despiden./ Yo, mientras, sigo intentando encontrar/ lo que ya tengo."

Esa mirada se reafirma en "17", uno de los poemas largos del libro. Henderson escribe entonces un diálogo con una chica de 17 años, la que fue ella misma y a la vez es otra ("estoy más rubia que entonces, y tengo otros amigos"). No ha pasado tanto tiempo, casi pertenecen a la misma generación, pero esa otra adolescente está tan lejos que se le puede hacer una lista de recomendaciones. Entre una y otra se abren preguntas sin respuesta: "¿En qué momento perdí lo que no sabía tener?".

"Para escribir poesía hay que conocer, hablar, compartir, escuchar, chatear, googlear, porronear, criticar, defender, aprender, sostener", dijo Henderson al responder a una encuesta (sites.google.com/site/10preguntaspara1poeta). Un sentido de la sociabilidad que está inscripto en poemas como "Caniche", a partir de la muerte del perro de una amiga, o de la constante presencia de amigos y familiares, "mi amigo Agu, que estudia cine", "Sofi, que estudia foto", "Mariano", "mi hermano que va a ser papá", padres, tíos y primos. Los personajes se asocian además con un paisaje y un tiempo añorado en un mundo afectivo propio, como se lee en el envío de "Esponja": "Luján, Martín, mamá,/ el verano, los abuelos, la lancha:/ este poema es para todos ustedes".

La juventud es parte del presente y a la vez, como escritura, ya forma parte de lo perdido. Las palabras pueden devolver la infancia, los juegos, los enamoramientos pasajeros, a condición de reconocerlos como experiencia y de interrogarse por su sentido.

Daiana Henderson (Paraná, 1988) vive en Rosario. Publicó además Colectivo Maquinario (2011), A través del liso (2012) y Verão (2012) y fue una de las poetas destacadas en el último Festival Internacional de Poesía de Rosario. "Voy tranquila/ a donde tengo que ir", escribe en el final de El gran dorado, con la felicidad de haber cumplido con un gran desafío.

Poesía / El gran dorado de Daiana Henderson. Ediciones Ivan Rosado, Rosario, 2012, 52 páginas, $ 20.

En Señales, 9 de diciembre de 2012.

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