lunes, 3 de diciembre de 2012

Un lugar en el mundo

Joseph Mengele, Adolf Eichmann y Erich Priebke fueron la punta del iceberg. Unos 200 criminales de guerra nazis, dentro de una población de aproximadamente siete mil militantes del nacional socialismo alemán y de diversas expresiones fascistas europeas, encontraron asilo en la Argentina después de la segunda guerra mundial. Así lo expone Jorge Camarasa en Odessa al sur. La Argentina como refugio de nazis y criminales de guerra, una investigación pionera en su género que acaba de ser reeditada.

Camarasa fue uno de los primeros investigadores del fenómeno nazi en el país. "Yo tenía el primer libro listo en 1992, cuando el gobierno de Menem abrió los archivos. Se llamó Los nazis en la Argentina", recuerda. Después vinieron Puerto seguro, una biografía de Mengele traducida al francés y al italiano, y América nazi, que escribió a dúo con Carlos Basso, para una edición latinoamericana.

El nombre Odessa proviene de la ficción. Fue una novela de Frederick Forsythe publicada en 1972 la que lo impuso como una especie de clave para condensar el conjunto de influencias y operaciones que permitieron salvar a los criminales de guerra. "Odessa es una metáfora —dice Camarasa—. Fue una especie de sociedad de socorros mutuos, una red de contactos de abogados, empresarios y miembros de la colectividad alemana que se ponía a disposición de los camarada en apuros".

Nacido en Zárate, Buenos Aires, Camarasa vive en la ciudad de Córdoba. Ha trabajado en diversos diarios y revistas y actualmente es asesor del Simon Wiesenthal Center. Odessa, su libro, reúne un conjunto diverso de documentos, testimonios y reportajes, entre ellas dos encuentros con criminales de guerra: Erich Priebke —"yo estaba en Bariloche en el momento en que lo denuncian y él acepta hablar porque estaba en un momento en que tenía necesidad de defenderse, de dar su versión" y el croata Dinko Sakic, "el último nazi que extraditaron desde Argentina, por una entrevista que le hicimos con Mario Markic para TN Investiga y que ahora está en youtube"

—¿Cómo comienzan sus investigaciones sobre la protección a los criminales nazis en Argentina?
—Yo llegué al tema por omisión, leyendo historia del peronismo. Era un agujero que había en la historia del peronismo. Hasta ese momento había algunos libros muy viejos y muy tendenciosos. Fue mucho trabajo al principio, porque no había fuentes. Si bien la apertura de los archivos fue decepcionante, porque las cosas que tenía la Side eran recortes de diarios, se cayeron algunas defensas y se pudo trabajar más en serio. Mi llegada viene por ese lado, por una curiosidad histórica. Tenía la sensación de que quién más quién menos había escuchado alguna historia que tenía que ver con el tema. Yo nací en Zárate y en la isla había un montón de bolas sobre esto, pero nada escrito. Después ya no me pude despegar más, todavía hoy me llegan mails, cartas y llamadas telefónicas pasándome datos.

—¿Qué cantidad de criminales de guerra llegó a la Argentina?
—No hay precisiones. Las estimaciones son 200 criminales de guerra con distinto grado de responsabilidad: comandantes de campo, como Dinko Sakic, médicos de campo, como Mengele, o tipos que no tuvieron que ver con los campos, como Priebke. Ese número se da entre 6.500 y 7 mil nazis arribados a la Argentina, de los cuales la mayoría eran croatas. La Argentina fue el lugar donde más nazis vinieron. Cuando abrieron los archivos vine a Córdoba a hacer una nota sobre el hotel Edén y le hice una entrevista al jefe de policía. Con la apertura hubo una ley por la cual todos los organismos del estado tenían que poner a disposición la información que tuvieran sobre el tema. Entonces vine y le pregunté al jefe de policía que tenían ellos en Córdoba y el tipo me dijo "no sabemos, porque cuando hacían los papeles en profesión no ponían criminal de guerra". Increíble. Entonces hay que revisar cada uno de los archivos, algo que hizo muy bien Uki Goñi en Migraciones. Estoy seguro de que hay muchísimo más, todavía hay datos que no conocemos. Pero creo que en definitiva no cambiará el fondo de la historia, me parece que ninguno de esos datos va a modificar sustancialmente la condición de refugio que tuvo este país ni la complicidad del aparato del estado. Lo que queda es localizar alguno de los submarinos que llegaron después de la Segunda Guerra, y yo tengo la convicción de que están hundidos, e investigar la circulación, el paso por la Argentina, de obras de arte robadas por los nazis.

—¿Por qué siguen interesando las historias de criminales nazis?
—Hay un poco de todo: un poco de morbo, un poco de fantasía con la cosa misteriosa y medio oculta del nazismo y en definitiva, en lo que hace a la Argentina, son historias de fugitivos, que siempre atraen, hablando del público en general. Además es una parte del peronismo, aunque no le guste al peronismo que se la recuerden. Si bien había una situación previa dada, los nazis llegan entre 1947 y 1952 con un apoyo muy fuerte del aparato de estado. En algunos casos les dan casas, los emplean en ministerios, como asesores de la policía provinciales o las fuerzas armadas. Y cuando a partir de 1950, 1951, con los juicios en Alemania avanzados, empiezan a llegar los pedidos de extradición, el estado argentino dice "no sabemos quiénes son, no sabemos de quiénes nos hablan".

—El apoyo argentino a los nazis trasciende al peronismo.
—Sí, claro. A partir de la caída del peronismo hay una dispersión preventiva, algunos se van a Paraguay, otros a Brasil, pero después se sienten tranquilos y regresan. La revolución libertadora limita su persecución a algunos personajes públicos, los aviadores que estaban en Córdoba, Ronald Richter, que trabajaba en la isla Huemul, algunos profes de la universidad. Los que estaban más blanqueados, técnicos y científicos manifiestamente nazis pero no criminales de guerra. He encontrado vínculos entre algunos de esos tipos y oficiales en actividad en la época de Onganía, o que daban charlas en la Escuela Superior de Guerra, por ejemplo.

—¿Ese apoyo incidió en que los nazis permanecieron ocultos e incluso relacionados con Perón hasta principios de los 70?
—En los archivos que yo vi en 1992 faltaban cosas expresamente, números de expedientes, había libros con hojas arrancados. No se puede saber cuándo pasó esto, pero pasó. Yo no creo que el peronismo haya tenido razones para hacerlo pero sí a lo mejor después los nazis pidieron alguna clase de garantía o de seguridad. Si hubiera que contar la historia de los nazis en Argentina con un solo ejemplo, Mengele sería perfecto. En 1958, tres años después de la caída de Perón, aparece su nombre en Europa, en los juicios, y la Universidad de Frankfurt le retira el título de doctor en medicina y doctor en filosofía. Mengele acciona judicialmente desde la Argentina, con su verdadero nombre, para que le restituyan los títulos. Además compra y vende propiedades, es socio en un laboratorio. Los criminales de guerra necesitaron un nombre falso no para entrar en la Argentina sino para salir de Europa. Durante el peronismo recuperaron su identidad y después la mantuvieron.

—¿Por qué eligieron en Argentina lugares determinados, como la provincia de Córdoba o Bariloche?
—Simón Wiesenthal dice que iban a los lugares donde había alemanes, donde se podían mimetizar. Durante la guerra la comunidad alemana en Argentina se fractura entre nazis y antinazis y los tipos se van a los lugares donde durante la guerra había habido una comunidad alemana pro nazi. Por eso están en la Patagonia, en Córdoba, en la zona norte de Buenos Aires. De un total de casi 7 mil nazis, hubo cuatro extraditados y uno muerto en el proceso de certificar su identidad. O sea que fue un éxito. Cuando los nazis se imaginan la Argentina como un refugio tenían razón. Funcionó así.

En Señales, 2 de diciembre de 2012.

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