jueves, 10 de enero de 2013

Crónicas perdurables


En 1992, mucho antes del auge actual del género, Susana Rotker publicó La invención de la crónica, un libro que parece correr la suerte de los que inician un nuevo camino en el análisis crítico, el de ser poco reconocidos. La obra examinaba la incorporación de los escritores modernistas al periodismo, sobre el final del siglo XIX, y el surgimiento de una nueva forma de escritura, precisamente al mismo tiempo que las agencias de noticias norteamericanas comenzaban a imponer lo que pronto se impuso como normalización del discurso periodístico: el cable de noticias, el texto impersonal y supuestamente objetivo capaz de resumir en pocas líneas el qué, cuándo, dónde, cómo y por qué de los hechos.

Rotker apunta, entre otros planteos, que el trabajo sobre el lenguaje y los procedimientos de narración no van en desmedro del valor referencial de la crónica, es decir, de aquello que se atribuye el texto periodístico convencional: la capacidad de contar un acontecimiento e indagar en la verdad de ciertos sucesos. No hay un relato natural, una versión de los hechos que no suponga la previa selección entre otras versiones y modos de contar posibles. Así como el concepto de texto definitivo, decía Borges, corresponde a la religión o al cansancio, una buena crónica nunca pretende ser el cierre de una historia, sino más bien aquello que reabre y descubre, entre los datos y las circunstancias de conocimiento público, lo que se sustrajo al interés de la actualidad y contiene una nueva posibilidad para acercarse a los acontecimientos y a los protagonistas y comprender, a través de voces que no fueron escuchadas y de la observación de detalles que parecían insignificantes, cómo fue posible que ocurriera algo que el periodismo encuentra excepcional o se desentiende de explicar, absorbido por la inmediatez y la búsqueda de efectos que impresionen a su audiencia. Cuando esa hojarasca termina de desprenderse y se pierde en el olvido, lo que queda son los relatos que trataron de indagar más allá de las apariencias, como los que escribieron José Martí, Rubén Darío y otros grandes cronistas que mostraron un periodismo realmente nuevo a fines del siglo XIX.

En Acción, nº 1.113, primera quincena de enero de 2013.

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