lunes, 18 de febrero de 2013

El mensajero de las falsas noticias

El 24 de enero el diario español El País publicó en su portada una foto donde se veía a Hugo Chávez entubado en una cama de hospital, durante el tratamiento que recibe en Cuba. Media hora después de que la imagen del presidente de Venezuela se difundiera a través de la web, el diario se enteró por las redes sociales de que era falsa. El periodista italiano Tommaso Debenedetti, conocido por inventar más de ochenta entrevistas y por difundir rumores sobre la muerte de personalidades como Almodóvar o Fidel Castro, reivindicó la autoría de la foto, entre otras cosas "para denunciar la falta de credibilidad de las redes sociales, de internet y de los medios que, para conseguir un resultado y ser rápidos, no controlan las fuentes de noticias".

La foto provenía de un video de 2008, retomado el 11 de enero en Youtube por un usuario encubierto bajo seudónimo. El País pagó 15 mil euros por la imagen a la agencia Gtres Online, que a su vez dijo haberla recibido de una enfermera cubana no identificada por razones de seguridad. En una entrevista por correo electrónico con la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, Debenedetti afirmó que la tomó el 10 de enero de internet y "por juego y experimento" la envió a Prensa Latina, de Cuba, la Agencia Nacional Venezolana y una agencia de Costa Rica y que dos días después recibió una respuesta de un tal Francisco204c, supuesto periodista cubano que le anunciaba su intención de difundir la foto.

Es imposible saber si Debenedetti dice la verdad, pero su intervención viene a cuento para recordar su historia, con características que lo distinguen de otros periodistas que fraguaron notas. En una entrevista publicada justamente por El País el 6 de junio de 2010 dijo haber inventado un género nuevo, donde verdad y falsedad no pueden ser fácilmente disociados y donde la ficción es aceptada, no solo por los lectores comunes sino por prestigiosos editores periodísticos, como hecho real. El diario lo llamó "el campeón italiano de la mentira", pero él dijo más tarde que su procedimiento no es estrictamente mentir sino "crear falsas noticias —sin recibir nada, ni dinero ni poder— para mejorar un poco, con las escasas posibilidades que tengo, la realidad del periodismo".

Debenedetti nació en Roma en 1969, es hijo y nieto de críticos literarios y él mismo trabaja como profesor de literatura. Entre otros textos, publicó entrevistas falsas con Dalai Lama, Lech Walesa, Mijail Gorbachov, Noam Chomsky y Joseph Ratzinger, poco antes de que fuera electo Papa; le hizo decir a John Le Carré que en Italia votaría a Berlusconi, mostró al poeta Derek Walcott aterrorizado por el terremoto en Haití y "anticipó" el apoyo de Joseph Roth a Barack Obama, en el curso de cinco reportajes tan exclusivos como falsos con el escritor.

A diferencia de otros periodistas que fabularon entrevistas con famosos, Debenedetti prácticamente no recibió retribución por sus notas. Tampoco pretende que sus montajes pasen indefinidamente desapercibidos; al contrario, para que la denuncia tenga lugar es necesario que en algún momento se descubra la falsedad, y que la inocencia les valga en algún sentido a los crédulos.

Debenedetti dijo que envió la foto falsa de Chávez a través de una casilla de correo electrónico del ministro de Cultura de Venezuela, Pedro Calzadilla. En ocasiones anteriores se hizo pasar por Umberto Eco y otras personalidades. No se trata de una broma, aclara, sino de actualizar "el juego literario de la suplantación de identidad, un tema clásico de la literatura del último siglo", que por otra parte es llevado al extremo en las redes sociales y ahora también en el periodismo, donde el rebote de rumores o informaciones generadas en la web conduce a la publicación de textos cuyos autores son desconocidos.

El caso Debenedetti denuncia justamente condiciones de producción en el periodismo. En 1994, según contó en la entrevista con El País, comenzó a trabajar como periodista cultural: "Yo quería trabajar honestamente, pero no había espacio. Iba a las conferencias de prensa, pero nadie me daba entrevistas. Ofrecía críticas y reseñas de actos, pero siempre me decían «eso ya lo cubrimos con nuestros redactores». Así que cambié de método".

Control de calidad
Entonces comenzó a inventar sus entrevistas. La primera fue con Gore Vidal. Las ofrecía a diarios pequeños, de provincias: "Lo que interesaba no era la cultura sino los grandes nombres, el espectáculo, las estrellas. No pagaban casi nada, pero yo quería escribir y no me importaba el dinero". Después llegó a los diarios nacionales y la prensa internacional se hizo eco de las notables declaraciones que conseguía. A ningún editor le llamaba la atención que consiguiera tantas exclusivas mundiales, tantos pronunciamientos convenientes para las líneas conservadoras de sus medios. "Todos sabían —dice Debenedetti—. Solo que actuaban como si no fueran invenciones: «Tenemos la exclusiva, la damos, y si nos descubren, no es culpa nuestra sino del freelance»".

El juego es revelador: "La falsificación y el sectarismo son los elementos básicos de la información italiana. Sobre todo en la prensa berlusconiana, pero no solo. Todo se construye sobre la base de Berlusconi. O eres amigo o enemigo. Las noticias, las entrevistas, las declaraciones y la censura se deciden con ese criterio. Es un sistema tendencioso que destaca por la ausencia de control".

La foto falsa de Chávez muestra que el problema no concierne sólo a su país, ni exclusivamente a la prensa. Como dice Debenedetti, "todo ha pasado a través de internet, sin poder verificar nada; por eso no se debe dar confianza a la red".

En el sitio de la FNPI, el fotógrafo Mariano Rodríguez puntualiza algunas enseñanzas del caso: en periodismo se aprende más de los errores que de los aciertos; en circunstancias como la de Venezuela, la falta de información creíble debe activar todas las alarmas para defenderse de los rumores; la práctica de la información comprada trae el peligro de dar por cierta una información deteriorada por la lógica del mercader; la asociación de la idea de una buena información, a la de informar antes que la competencia expone al periodista a los riesgos de la información apresurada.

Y podrían señalarse otras circunstancias: la avidez por la primicia (El País sabía que la foto había sido ofrecida al diario El Mundo); la preeminencia de la negociación económica por encima del trabajo periodístico (buena parte de la discusión con la agencia Gtres pasó por el regateo en torno al precio de la foto); los prejuicios inducidos por las ideas políticas ("la falta de información creíble" en Venezuela); la cadena de tercerizaciones que se establece entre diarios y agencias y donde se pierde la figura del autor de un trabajo. A través de la falsedad, Debenedetti hace visibles verdades inadvertidas en la práctica del periodismo.

En Señales, 17 de febrero de 2013.

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