miércoles, 6 de febrero de 2013

El tiempo de la lectura





La producción y la circulación de libros atraviesan desde hace unos años una etapa de cambios profundos. No es necesario recurrir a estadísticas, basta tener en cuenta la experiencia del lector común. La impresión que cualquiera puede tener al frecuentar una librería es que en Argentina se imprime mensualmente una enorme cantidad de títulos. El ingreso de novedades es incesante, e igualmente incesante es el tránsito de los libros de la mesa de recién venidos a los exhibidores más lejanos, al depósito y finalmente al camión de las devoluciones. Nadie atraviesa dos veces una misma librería.

La industria editorial ha acuñado una expresión para referirse a los libros: el tiempo de vida. Cada libro que aparece tiene un período determinado; si el concepto resulta culturalmente ruinoso, ese tiempo es además muy reducido, ya que por lo general no se extiende más allá del año. Después vienen las librerías de saldo, los depósitos editoriales y la guillotina. Algunos editores prefieren observar las características supuestamente positivas de esta situación: la oferta es abundante, dicen, pero los lectores son también más exigentes, y los propios editores deben ser más rigurosos al planificar sus libros. Habría que ver si este diagnóstico se corresponde con lo que ocurre. Lo indiscutible es que la situación hace que muchos libros sean pensados con ese horizonte, para tener un rendimiento en el corto plazo, antes de convertirse en mercadería vencida, y a la vez determina sus características físicas, comenzando por el diseño, ya que es necesario que cada título se haga visible en medio de los centenares o miles de títulos que exhibe cada librería.

Un buen libro tiene otro tiempo, el de la lectura. Sólo un criterio necio de rentabilidad puede desconocerlo. Para que ese tiempo sea posible es necesario que los libros sean producidos y distribuidos de modo de asegurar su permanencia y disponibilidad más allá de las preferencias del momento. Es una apuesta que los lectores terminan por agradecer.

En Acción nº 1.115, primera quincena de febrero de 2013.

No hay comentarios:

Publicar un comentario