jueves, 7 de marzo de 2013

Un libro que rompió los moldes

La primera alusión se encuentra en una carta a Jean Barnabé, fechada el 17 de diciembre de 1958: "Terminé una larga novela que se llama Los premios, y que espero leerán ustedes un día. Quiero escribir otra, más ambiciosa, que será, me temo, bastante ilegible; quiero decir que no será lo que suele entenderse por novela, sino una especie de resumen de muchos deseos, de muchas nociones, de muchas esperanzas y también, por qué no, de muchos fracasos". Ese libro futuro, en el que comenzaba a pensar Julio Cortázar, no era sino Rayuela, la novela o antinovela que terminaría por publicar en 1963, y que se convirtió en un texto central del boom de la literatura latinoamericana en la década del 60.

Desde entonces hasta ahora la valoración de la obra y la figura de Cortázar ha tenido diversas formulaciones en las historias de la literatura y en las opiniones de los escritores. "El mejor Cortázar es un mal Borges", dijo César Aira, quien además lo redujo a representar "el escritor de la iniciación, el de los adolescentes que se inician en la literatura y encuentran en él —y yo también lo encontré en su momento— el placer de la invención". Fabián Casas le contestó en un ensayo: "Cortázar tiene razón. Quiero que vuelva. Que volvamos a tener escritores como él: certeros, comprometidos, hermosos, siempre jóvenes, cultos, generosos, bocones"; y su voto fue por Rayuela cuando la revista Letras Libres le preguntó por el título de una obra maestra que no hubiera leído, pero sí tal vez mencionado en alguna entrevista.

La escritura de Rayuela puede seguirse en la correspondencia de Cortázar. En otra carta a Barnabé, del 27 de junio de 1959, pasó en limpio sus ideas iniciales: "Cada vez me gustan menos las novelas, el arte novelesco tal como se lo practica en estos tiempos. Lo que estoy escribiendo ahora será (si lo termino alguna vez) algo así como una antinovela, la tentativa de romper los moldes en que se petrifica ese género". Y el 30 de mayo de 1960, también al francés: "No es una novela, pero sí un relato muy largo que en definitiva terminará siendo la crónica de una locura. Lo he empezado por varias partes a la vez, y soy a la vez lector y autor de lo que va saliendo... La cosa es terriblemente complicada, porque me ocurre escribir dos veces un mismo episodio, en un caso con ciertos personajes, y en otro con personajes diferentes, o los mismos pero cambiados... Me propongo empezar por el final y mandar al lector a que busque en diferentes partes del libro, como en la guía del teléfono".

El 19 de agosto de 1960 le habló por primera vez de Rayuela a Francisco Porrúa, el editor que la publicó en Sudamericana: "Un día le pediré que lea lo que estoy haciendo ahora, y que es imposible de explicar por carta. Ignoro cómo y cuándo lo terminaré; hay cerca de cuatrocientas páginas, que abarcan pedazos del fin, del principio y del medio del libro, pero que quizá desaparezcan frente a la presión de otras cuatrocientas o seiscientas que tendré que escribir entre este año y el que viene. El resultado será una especie de almanaque, no encuentro mejor palabra".

Terminó de escribirla en mayo de 1962. Las dudas del principio y la desconfianza hacia los editores ("No me imagino a Sudamericana publicando eso", le escribió a Porrúa en agosto de 1961) habían dejado lugar al entusiasmo: "será una especie de bomba atómica en el escenario de la literatura latinoamericana", le advirtió al poeta y traductor Paul Blackburn.

Aurora Bernárdez, esposa y luego albacea de Cortázar, fue la primera lectora del libro. A Francisco Porrúa se le ocurrió que la ilustración de tapa debía ser el dibujo de una rayuela. El resto lo hicieron y lo siguen haciendo los lectores.

En Señales, 3 de marzo de 2013.

No hay comentarios:

Publicar un comentario