lunes, 9 de junio de 2014

El brazo de la creación y la crítica

La historia de la literatura de Rosario tiene aún varios capítulos por escribir. Uno de ellos podría desplegarse alrededor de El arremangado brazo, una revista que en la primera mitad de la década de 1960 reunió a Aldo F. Oliva, Noemí Ulla, Rafael Ielpi, Gladys Onega, María Teresa Gramuglio y otros escritores y críticos notables. Apenas dos números bastaron para convertirla en una referencia insoslayable para la cultura de la ciudad.
La aparición de El arremangado brazo se inscribió en un contexto marcado por la emergencia de una nueva generación de intelectuales formados en la Facultad de Filosofía y Letras y por la proliferación de revistas culturales. En la década de 1960 se publicaron en Rosario al menos otras nueve revistas: Pausa (1957-1961), La ventana (1962-1968), Cauce (1963), Setecientosmonos(1964-1967), Alto Aire (1965), Parábolas (1965-1966), Cronopio (1967), El lagrimal trifurca (1968) y Cincuenta mangos de poesía (1969).
Algunas de esas revistas tuvieron una vida efímera: Cauce publicó un solo número, Cronopio alcanzó a sacar dos; en el extremo opuesto, El lagrimal trifurca publicó catorce números entre 1968 y 1976, ySetecientosmonos, diez. También tuvieron diversas proyecciones desde entonces hasta la actualidad: Alto Aire, por ejemplo, fue en cierto modo redescubierta a partir de la revaloración de la obra poética de Juan Manuel Inchauspe, uno de sus directores; Pausa y El lagrimal trifurca, una vez finalizados sus ciclos, no dejaron de estar presentes, por la obra posterior de varios de sus integrantes.
El comité editor de El arremangado brazo estaba integrado por Aldo Oliva (en su casa de Urquiza 2970 se recibía la correspondencia), Rafael Ielpi y Romeo Medina. El ámbito de acción del grupo se extendía entre la Facultad de Filosofía y Letras (actual de Humanidades y Artes) y el circuito de bares vecinos; según datos que aporta Rafael Ielpi, la revista se imprimía en Perelló (Corrientes y Urquiza) y se vendía en la facultad y en los quioscos de Santa Fe y Entre Ríos (frente al bar Laurak Bat) y de Corrientes y San Lorenzo (en la esquina del bar y restaurante Sibarita).
Carlos Saltzmann, integrante del grupo, recuerda: "Nos conocimos con Aldo Oliva en la Facultad de Filosofía y Letras (...) Éramos un grupo heterogéneo, donde predominaban los de extracción social pequeño burguesa. Nos oponíamos, consecuentemente a los decanos interventores peronistas de derecha, que favorecían a la CGU, la Confederación General Universitaria. Pertenecíamos con mayor o menor claridad a un centro liberal, de amplio espectro, y nos fuimos politizando y definiendo a través del tiempo constituyendo una corriente pluralista, fluida".
El desarrollo local de Filosofía y Letras reconoce un hito en el 15 de noviembre de 1955, cuando en el marco de la "reorganización" universitaria después de la caída del gobierno de Perón, fueron designados como profesores Ramón Alcalde (Lengua y Cultura Griega I y Lengua y Cultura Latina II), Tulio Halperín Donghi (Introducción a la Historia), Adolfo Prieto (Literatura Castellana II), Guillermo de Torre (Estética), Antonio Pagés Larraya (Literatura Argentina) y David Viñas (Introducción a la Literatura). A este cuerpo se le agregarían otros profesores, como los evoca Ielpi: "Entre otros, Gerardo Moldenhauer daba Literatura de la Europa Septentrional; Wilhelm Thiele, Griego, y además tenía un programa en Radio Nacional que se llamaba Tardes áticas; Oreste Frattoni estaba en Literatura Española y Narciso Pousa daba Introducción a la Filosofía". Saltzmann, a su vez, agrega: "Todos ellos produjeron un cambio impactante en la Facultad y un enriquecimiento muy grande en todos nosotros. Se generó un proceso de formación, trabajo y producción que se interrumpió en 1966", con el golpe militar de Juan Carlos Onganía.
"Esa época fue muy fructífera para la generación de hechos culturales, por la existencia de la Facultad de Filosofía y Letras y por el magisterio que ejercía Adolfo Prieto. Además ese período coincidió con una generación que después tuvo relevancia en la literatura y en la crítica —destaca Ielpi—. Más que en la ciudad había una efervescencia en la universidad". Noemí Ulla coincide en destacar el rol de Prieto, "a quien debo una permanente atención y apoyo intelectual cuando fui ayudante y luego jefa de trabajos prácticos en el Instituto de Letras y una inquebrantable amistad".
Otro profesor de gran influencia fue Ramón Alcalde (1923-1988), nombrado en 1958 ministro de Educación de la provincia, durante el gobierno de Sylvestre Begnis. Alcalde designó entonces director de cultura a Francisco Urondo y secretario personal a Aldo Oliva. Este equipo estuvo en funciones hasta 1959, y su renuncia fue la expresión local de la ruptura de los intelectuales de izquierda con el frondicismo. A la vez, Alcalde fue uno de los ideólogos del Movimiento de Liberación Nacional, el Malena, grupo que se formó a principios de los años 60 en las universidades de Buenos Aires y Rosario. Y también uno de los impulsores de Pausa, revista de poesía que surgió en la cátedra de Literatura Iberoamericana de la Facultad de Filosofía y Letras.
El primer número de una revista literaria tiene por lo general un carácter tentativo, abierto, a veces contradictorio. No fue el caso de El arremangado brazo, cuyo número inicial, publicado en septiembre de 1963, sorprende por su notable cohesión. Pese a las resonancias libertarias, el nombre de la revista provenía de un pasaje de El Quijote. Lejos de ser la exploración a tientas de un grupo de primerizos, es el registro de un cierto desarrollo, en el que puede apreciarse como preocupación central la articulación entre los intelectuales y la política.
La nota editorial no está firmada, pero su estilo recuerda a los textos de Aldo Oliva. Dice: "La burguesía rosarina ha gozado hasta hoy de un sereno privilegio: en sus escasos intentos de justificar culturalmente su existencia como clase, no se percibe casi signo alguno que denote hallarse perturbada o problematizada la legitimidad de su sobrevivencia". Esta apelación a la burguesía, los cargos de filisteísmo y mezquindad a las supuestas fuerzas vivas de la ciudad, son constantes en las publicaciones culturales de Rosario desde principios del siglo XX. El arremangado brazo iba más allá: "La inteligentzia rosarina pareciera dormir, amparada quizá en la esperanza de la perduración del empuje productor de sus ascendientes, los esforzados gringos de la segunda inmigración". La revista definía así su programa: "En un momento en que sus propios valores (los de la burguesía) se ven ostensiblemente espantados ante el avance de la lucha de clases (,,,), es menester denunciar rigurosamente todas esas falacias y encumbramientos que son alimento y base de todo un grupo". El grupo de colaboradores incluía entre otros a Aldo Beccari, Jorge Conti (corresponsal en Santa Fe), Gladys Rimini y Juan José Saer. Si bien no aparece en el staff, Daniel Wagner, entonces estudiante avanzado de filosofía, "con su personalidad tan particular, que no se permitía mayores desbordes", según lo recuerda afectuosamente Carlos Saltzmann, era uno de los protagonistas de las discusiones que rodearon a la revista.
En el plano concreto de las lecturas, como se dice, la revista no perdonaba a nadie. Gladys Onega criticó minuciosamente La alfombra roja, novela de Marta Lynch que ficcionalizaba la defección de Frondizi; Norma Desinano demolió un libro de cuentos de Dalmiro Sáenz ("toda la obra es un truco y un fraude"); Clotilde Gaña se encargó de Gente conmigo, de Syria Poletti, y Romeo Medina cuestionó la obra de Jorge Riestra con un empeño digno de otra causa. En cambio, Moral burguesa y revolución, de León Rozitchner, salió airoso de la crítica de Nidia Finetti. El libro resultaba significativo al enfrentar "dos concepciones de la filosofía, una esencialista, supracientífica, de pretendido sentido trascendente, que se caracteriza por su inoperancia para interpretar la realidad (...) es la filosofía oficial de nuestras universidades", según la reseñista.
Los dos números de la revista ofrecen una traducción del capítulo primero de Materialismo histórico e historia de la literatura, de Lucien Goldmann, que proponía una sociología de la literatura desde una perspectiva de izquierda y cuya lectura, recuerda Noemí Ulla, pregonaba David Viñas desde la cátedra de Introducción a la literatura. Otro aporte original fue la sección "Reportajes a la otra ciudad".
"Está entre las intenciones de esta revista promover el conocimiento cada vez más profundo de la realidad, de toda la realidad en su unidad y multiplicidad, en su cambio. El reportaje al hombre anónimo ocupa un importante lugar dentro de ese objetivo, tendiendo antes al conocimiento del reporteado que al de los asuntos sobre los cuales se le pide opinión". Así presentaba El arremangado brazo los "Reportajes a la otra ciudad", una sección que anticipó en 1963 modalidades del posterior periodismo de investigación.
El entrevistado en el primer número es "un hombre de Villa Manuelita", al que no se identifica y ante el cual el reportero, Romeo Medina, explica la propuesta así: "Un grupo de gente estamos por publicar una revista y queremos mostrar aspectos de distintas zonas de la ciudad. Estamos por eso visitando a vecinos de distintos barrios y pidiéndoles su opinión sobre ciertos temas".
Hay varios rasgos singulares en esta sección. En primer lugar, se proyecta con un perfil documental: el reportaje se graba "en cinta fonomagnética" (sic) y se transcribe tal cual, sin edición; se consigna la fecha, se informa que fue realizado el 15 de junio de 1963. Si bien se trata de "un hombre de Villa Manuelita", la revista lo convierte de alguna manera en portavoz de un sector social. "El hombre de Villa Manuelita —dice la nota introductoria— presenta prima facie una evidente fractura entre su condicionamiento y su cosmovisión, entre estructura económica y superestructura ideológica (…) como millares de argentinos y de sumergidos de todo el mundo, vive en un barrio de viviendas precarias construidas con materiales casi de desecho, en medio de un atraso técnico de más de un siglo (…) Es un explotado, un esclavo moderno (…) Sin embargo, su ideología es la de los explotadores: es católico, en las próximas elecciones votará probablemente a partidos de centro-derecha. Algunas de sus opiniones frente a hechos concretos son justas, pero no ha podido profundizarlas y adquirir una real conciencia de clase".


En el segundo número el "Reportaje a la otra ciudad", realizado ahora por Ielpi y Medina, está dedicado a "Los hombres de la basura": "Nuestros entrevistados fueron dos: Un camionero propietario del camión que subcontrata la recolección al concesionario, el cual, a su vez, lo contrata con la Municipalidad. Y un peón, que corre por la vereda volcando los tachos en un canasto que inmediatamente arroja hacia arriba, para que allí otro peón lo descargue en el camión". En este caso se incluyen fotos y las preguntas están más direccionadas al trabajo en sí, que los entrevistados explican paso a paso. Una tarea insalubre, que realizan en condiciones laborales precarias y sin protección gremial.
A diferencia del hombre de Villa Manuelita, los hombres de la basura tienen cierta conciencia política, se declaran peronistas y observan claramente su situación de explotados en relación a los concesionarios del servicio. Los entrevistados describen también los basurales del Puente Gallegos y la actividad de los cirujas. En este punto la nota puede ponerse en línea con Las colinas del hambre, la novela que publicó Rosa Wernicke en 1943, ambientada en los basurales de barrio Tablada.
"Las ideologías en el desarrollo económico", un artículo de Daniel Wagner, es otro texto destacado del primer número. "Uno de los puntos que la sociología puede ayudar a esclarecer es el papel que desempeñan las ideologías", dice el autor y postula que "la mayoría de los economistas y sociólogos" estudian los problemas del desarrollo "con la perspectiva ideológica derivada de los intereses y la situación histórica de las minorías terratenientes y empresarias (...) Por nuestra parte, con la perspectiva ideológica fundada en los intereses y la situación de los sectores populares (...) debemos buscar los principales obstáculos al desarrollo económico (...) en el nivel de las decisiones políticas, ideológicamente condicionadas, de los sectores dirigentes".
En El arremangado brazo hay también poemas de Ielpi, cuentos de Medina y de Juan José Saer, crítica cinematográfica de Néstor Melgratti y dardos envenenados contra El escarabajo de oro, la revista que dirigía Abelardo Castillo en Buenos Aires. Páginas que se impusieron al tiempo y hoy documentan una de las épocas más intensas y menos conocidas en la historia cultural de Rosario.

En Señales, 8 de junio de 2014.

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