lunes, 16 de mayo de 2016

Posibilidades del lenguaje

Con Germán De los Santos:

-En general se supone los argots tienen la función de encubrir lo que se dice y lo que se hace ante oídos extraños y a la vez de ser parte de la identidad del grupo que lo habla. ¿Cómo te parece que funciona eso en el caso de los Monos?

-Gran parte de las pruebas e indicios de las causas judiciales surgen por las escuchas telefónicas. En los grupos narcocriminales como los Monos, el celular es una herramienta vital para manejar el negocio, quizá tan importante como las armas. La estructura, fraccionado en decenas de bocas de expendio –búnkeres– en la zona sur de Rosario y Villa Gobernador Gálvez los obliga a manejar esa red con el teléfono celular. A través de la palabra. Los jefes de la banda, como Ramón Machuca y Guille Cantero, no delegan el liderazgo para gerenciar el entramado de narcomenudeo. Son ellos los que dan las órdenes. Por eso están obligados a hablar por teléfono todo el tiempo. Y deben usar una jerga caótica, cuyos términos parecen elegidos al azar.  Ese argot cambia todo el tiempo, como los chips de sus celulares. El “trabuco” se transforma en “herramienta”, en “máquina” en “aparato” y después en un simple “coso”, que se carga con “confites”. Los “bichos” son los gendarmes, que inundaron desde el 9 de abril de 2014 Rosario. Pero también su propia forma de hablar encubre el sentido. Porque muchas palabras se cortan, se acentúan de otra manera. Esto se ve claramente en el contenido de los expedientes. Los policías no hacen una transcripción literal de lo que dicen. Esa transcripción es ilegible. Entonces elaboran una “interpretación” de los dichos de los Cantero. Y por supuesto, que los Cantero pierden. La policía descifra como quiere ese lenguaje que parece jerga.

-Por otra parte hay un contrapunto notable entre las conversaciones de las escuchas telefónicas y las palabras que deben usar, por ejemplo, cuando son indagados por la justicia

-Cuando los miembros de la banda son indagados por la justicia no hablan como lo hacen en el barrio. Hablan por boca de sus abogados. Ya no son ellos. Y tratan de elegir las palabras más prolijas, más formales. Abunda el “no”. Esta diferencia se nota en un interrogatorio informal e ilegal que le hacen los efectivos de la División Judiciales a Guille Cantero cuando se entrega. Él habla de la venganza contra los que mataron a su hermano. “Les vamos a devolver los cuerpos sin cabeza”.  

-¿La violencia que los caracteriza está también en el lenguaje que utilizan, se inscribe de alguna manera particular en las palabras?


-En la cárcel, los Monos siguen hablando. Porque a través de los teléfonos que tienen en la cárcel mantienen el manejo de la banda. "Si no acepta la plata, lo gatillo", promete Guille Cantero sobre un testigo que lo puede complicar. En prisión la banda se desliga de la jerga más cerrada que usaba fuera. Ya no es necesario. La posibilidad de hablar fue comprada. Y no importa nada.